Suiza ha incluido la simulación entre las Medidas de Mejora de la Calidad, herramientas contractuales que vinculan por ley a hospitales y aseguradoras sanitarias. No se trata de un reconocimiento simbólico: en un país que lidera el World Index of Healthcare Innovation, la simulación se convierte en un requisito verificable y rendible. Y podría convertirse en un modelo para utilizar en las acciones de advocacy.
Llega una noticia desde un país pequeño, poco menos de nueve millones de habitantes, pero con un sistema sanitario considerado entre los mejores del mundo: Suiza ha reconocido formalmente la simulación sanitaria como medida de calidad. No como instrumento formativo opcional, no como actividad de excelencia reservada a los centros equipados. Como instrumento de mejora de la calidad para hospitales y clínicas. Un hecho que, leído en el contexto internacional en el que nos movemos, adquiere un significado muy distinto.
Un contexto maduro
Suiza no parte de cero. Es un país acostumbrado a medir. La medición de la calidad de la atención hospitalaria implica a varios actores con funciones complementarias. La Oficina Federal de Salud Pública (UFSP) publica anualmente indicadores médicos de calidad para los hospitales de agudos, centrados en volúmenes de actividad clínica y en algunos resultados, como las tasas de mortalidad. La Asociación Nacional para el Desarrollo de la Calidad en hospitales y clínicas, en cambio, es un centro de competencias que coordina mediciones nacionales más amplias sobre la calidad en hospitales y clínicas, incluyendo aspectos como la satisfacción de los pacientes, las infecciones, las caídas, las lesiones por presión y otros indicadores relevantes para la seguridad de la atención.
Un sistema atento, articulado sobre una base cantonal pero cada vez más coordinado a nivel federal. En este ecosistema, incluir la simulación entre las medidas de calidad se convierte en un acto con efectos jurídicos y contractuales: la simulación, una vez incluida en este perímetro, deja de ser una elección discrecional y se convierte en un requisito esperado, verificable y rendible.
Pero intentemos reflexionar y comprender mejor las implicaciones de esta elección.
Qué significa realmente “medida de calidad”
Vale la pena aclarar de qué se está hablando, porque existe una diferencia sustancial entre una buena práctica recomendada y un instrumento normado. En Suiza, el sistema de calidad hospitalaria se articula en torno a medidas concretas y sistemáticas, las Medidas de Mejora de la Calidad (MMQ). Forman parte de un acuerdo nacional sobre la calidad que vincula por ley a los hospitales y a las aseguradoras sanitarias. No son directrices: son requisitos contractuales, referidos a la calidad de los procesos y de las estructuras de hospitales y clínicas, con un objetivo preciso: mejorar un aspecto específico de la seguridad de los pacientes en un determinado campo de acción. La simulación se ha incluido en el campo de acción “Cultura de la calidad”.
Cada hospital y cada clínica pueden elegir qué MMQ reconocidas aplicar en su propio contexto, pero el convenio establece cuántas medidas deben implementarse para cada campo de acción.
Incluir la simulación en este sistema no es, por tanto, un acto simbólico sino que se convierte en un verdadero acto político en el sentido más técnico del término: rediseña las prioridades, orienta los recursos, crea expectativas medibles. La simulación deja de depender del entusiasmo del responsable de formación de turno o de la visión del risk manager o del director sanitario. Se vuelve estructural.
Este es el salto que Suiza ha dado. Y al que otros sistemas sanitarios tendrán que enfrentarse tarde o temprano. Es solo cuestión de tiempo.
Ya en otros artículos que hemos publicado en esta misma revista, desde la Simulation Maturity Assessment Tool hasta el uso de la simulación como instrumento de gestión del riesgo clínico, el tema recurrente es siempre el mismo: la simulación funciona (¡y ya está ampliamente demostrado!), pero le cuesta arraigar si no encuentra un anclaje institucional. Un sistema de reconocimiento formal es ese anclaje. Para conseguirlo es ciertamente útil partir de las realidades hospitalarias individuales, integrando la simulación de forma sustancial en los modelos de clinical governance y haciéndola evolucionar desde una actividad predominantemente formativa hacia un proceso estructurado de mejora continua de la calidad y de la seguridad de la atención. Esto significa incluir la simulación en los sistemas ya existentes de gestión del riesgo clínico, calidad, formación, acreditación y evaluación del desempeño, vinculándola a los objetivos estratégicos de la organización y no solo a las iniciativas de los profesionales individuales o de los centros de simulación.
Solo cuando la simulación se reconoce como parte integrante de la governance clínica puede generar evidencias organizativas útiles, producir datos comparables, orientar decisiones gerenciales y contribuir de forma concreta a los programas de mejora continua. Desde esta perspectiva, el reconocimiento formal no debería limitarse a certificar la existencia de actividades simuladas, sino que debería valorar su impacto sobre los procesos, los resultados, la cultura de la seguridad y la resiliencia organizativa.
Un ejemplo útil para todos
Este movimiento suizo, sin embargo, no llega en el vacío. En 2024 se publicó el Global Consensus Statement on Simulation-Based Practice in Healthcare, una declaración unificada, facilitada por la europea Society for Simulation in Europe (SESAM) y la americana Society for Simulation in Healthcare, pero redactada por representantes de 50 sociedades y redes de simulación nacionales e internacionales distribuidas en 67 países para apoyar y mejorar la implementación de la simulación sanitaria. El global consensus statement identifica algunas prioridades claras: la advocacy hacia los responsables políticos, la integración de la simulación en los itinerarios curriculares básicos y posbásicos, la accesibilidad, la estandarización de las buenas prácticas y el desarrollo de los formadores.
El global consensus statement en la práctica es una llamada a la acción. No solo a los formadores, no solo a los centros de simulación, sino a los responsables políticos, a los líderes de las organizaciones sanitarias, a las instituciones de formación. Se pide un compromiso formal: reconocer la simulación, financiarla, ponerla a régimen.
Suiza ha respondido a esa llamada y ha reconocido la simulación como una medida de mejora de la calidad, precisamente.
Y el hecho de que este reconocimiento llegue de un país que ocupa establemente la primera posición en el World Index of Healthcare Innovation y que destaca por su atención a la calidad medible no es irrelevante. En la narrativa que debemos construir hacia los responsables políticos, y este es, una vez más, trabajo de advocacy, contar con un benchmark concreto, anclado a un sistema creíble, es un argumento sólido que no conviene subestimar. No se trata de copiar el modelo suizo. Los sistemas sanitarios son demasiado diferentes para trasposiciones acríticas. Se trata de usar lo que Suiza ha hecho como prueba de concepto: la simulación puede convertirse en instrumento institucional del sistema sanitario.
Ahora les toca a otros sistemas sanitarios europeos, y no solo, encontrar la manera de seguir.
DECLARACIÓN DEL USO DE LA IA
Se ha utilizado IA generativa para apoyar la revisión lingüística y mejorar la claridad del texto. Todas las ideas, contenidos y conclusiones son originales de los autores.
Imagen conceptual generada con inteligencia artificial (ChatGPT/DALL-E, OpenAI) por indicación del autor, con fines ilustrativos.
LEE TAMBIÉN